Desarrollo humano

El desarrollo humano se encuentra en el corazón de nuestro proyecto. La vida en comunidad, la vida en armonía con la naturaleza o la agricultura ecológica adquieren su sentido solo en la medida en que favorecen dicho desarrollo humano en sintonía con los tiempos de cambio profundo que vive la humanidad.

La inspiración de los fundadores se nutrió de la Psicología Jungiana y de su concepción de los sueños como vía regia para acceder, conocer y transformar nuestra sombra. Como en la tribu Senoi, el hecho de contar sus sueños al grupo, creó un marco seguro en el que cada uno puede mostrarse en su totalidad, tal como realmente es, sin recibir de los demás más que respeto, empatía y apoyo.

Por lo demás, es a través de las relaciones humanas y la convivencia que tiene lugar la experimentación que permite a cada ser humano avanzar en su individuación. La individuación es un proceso que nos hace cada vez más únicos, más completos, pero que, en paralelo, nos acerca cada vez más a los demás.

La creación artística ha sido también un elemento clave en el desarrollo de nuestro potencial creativo, individual y colectivo. Ciertas composiciones musicales colectivas o montajes teatrales han supuesto hitos indelebles de nuestra evolución como grupo.

Pero no hemos dejado de buscar y experimentar, integrando así un sinfín de conocimientos y herramientas en muy variadas dimensiones, al servicio de la evolución de los miembros del grupo así como, en muchos casos, de las personas que nos visitan. Dichas herramientas abarcan áreas tan dispares como técnicas de salud natural (homeopatía, reflexología,nutrición,), equitación e hipoterapia, trabajos de tipo energético (EMF, Chi-Kung, Shiatsu, meditación), trabajos corporales (Pilates, masajes,Tai-Chi), técnicas de liberación y sanación emocional (ICV, EMDR, Arteterapia, Esencias), trabajos grupales y sistémicos, gestión de conflictos (psicodrama, constelaciones familiares y organizacionales).

Dicho trabajo sobre uno mismo y sobre nuestras relaciones ha generado con el paso de los años una mayor apertura hacia la dimensión espiritual de la existencia, entendida como una capacidad para permanecer abiertos, receptivos ante lo misterioso y lo desconocido; dispuestos a integrar a una parte cada vez mayor de nuestro ser; a trascender nuestros límites; a permitir que emerja el sentido último de cada experiencia.

Al entender e integrar progresivamente la dimensión espiritual de nuestras vidas, nos movemos y crecemos en contacto con esta energía, que circula por el tiempo y el espacio para crear y sustentar toda vida. Mediante la práctica espiritual llegamos a conocernos a nosotros mismos en relación interdependiente con los demás, con la vida y con el universo, lo que nos ayuda a crecer en humildad, confianza y apertura. Esto despierta inevitablemente una profunda y duradera gratitud.